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En esta etapa se orienta la enseñanza al
desarrollo personal de los alumnos mediante:
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La adquisición de valores, actitudes y
hábitos, y el descubrimiento del sentido
de las normas.
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El aprendizaje de estrategias, métodos y
procedimientos de estudio y trabajo.
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La adquisición de un conjunto
relacionado de conocimientos básicos,
que les faciliten la comprensión de la
realidad, del entorno natural, social y
cultural en el que se encuentran.
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El cultivo armónico de todas las
dimensiones de su persona.
Los niños llegan ahora a la llamada etapa
de las operaciones concretas, en las que
empiezan a relacionar las cosas entre sí
según algunos criterios (de orden, clase,
causa-efecto ...). Así organizan sus
esquemas cognitivos y van formándose una
visión más ajustada de la realidad. Por
ello, se cuida de manera especial la
conexión con la experiencia y las relaciones
que desembocan en visiones globales.
Como consecuencia de su rodaje social, los
niños y niñas van superando el pensamiento
centrado en sí mismos y dirigen su atención
a los aspectos objetivos de la realidad; son
capaces de entender los puntos de vista de
otros y comienzan a percibir su situación en
el medio. Es muy importante proponer
actividades de grupo que facilitan la
relación y la inserción social. En esta
etapa también adquiere una gran importancia
el trabajo de los contenidos transversales,
con el fin de potenciar la reflexión y la
capacidad crítica, y la progresiva toma de
posición personal.
Pese a que la etapa que va de los seis a los
doce años mantiene unidad y coherencia, y
los niños y niñas tienen muchas
características en común, pueden detectarse
rasgos distintivos en cada ciclo.
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