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La
etapa de Educación Infantil comprende a
edades entre dos
y seis años.
Las intenciones fundamentales de la
educación en esta etapa se dirigen a
consolidar y enriquecer los logros
alcanzados por los niños en los años
anteriores; a que vayan iniciándose en
distintas formas de comunicación y expresión
y en el reconocimiento
del medio; a que elaboren una imagen
positiva y equilibrada de sí mismos; y a que
adquieran los hábitos básicos de convivencia
y de comportamiento autónomo.
Dadas las características de esta etapa, el
proceso educativo ha de avanzar a través de
la experiencia personal de los niños y
niñas, la actividad, el juego y el
aprendizaje por descubrimiento.
En esta etapa, se cuida especialmente el
enfoque globalizador y personalizado de los
contenidos de aprendizaje:
Creando en cada unidad núcleos de interés
motivadores y que respondan a las
necesidades del alumnado.
Tratando de forma unitaria los aspectos
comunes a las distintas áreas para
contribuir a la construcción de aprendizajes
significativos.
Para ello, sugiere aprovechar al máximo los
recursos del entorno. Así facilita la tarea
del profesor y aumenta la motivación de los
niños.
La creación de hábitos y la adopción de
valores y normas empieza a trabajarse en
esta etapa de manera experimental, haciendo
participar a los escolares en actividades
que les ayuden a descubrirlos y apreciarlos,
a fin de que puedan integrarlos de forma
natural y paulatina.
En estas edades la evaluación, sobre todo,
se basa en la observación directa de los
alumnos y alumnas, y se orienta de manera
que el profesor pueda modificar cuanto antes
los planteamientos o las acciones que se
revelen ineficaces.
En esta etapa es muy importante tener en
cuenta la distribución del tiempo, la
disposición de rincones en el aula, los
juegos, la relación con la familia, etc.
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